Una nueva era Glacial nos espera por nuestra culpa. Desde luego el cambio climático tiene
en gran parte su culpa. Ya en la XII Conferencia Internacional del
Clima, celebrada en Nairobi (la primera vez en la África subsahariana)
todos los delegados estaban consternados por la ola de calor y la
sequías reincidentes, que según el economista Nicolas Stern podían
costar al mundo siete trillones de euros. Algo hay que hacer; algo está
cambiando. Los anti-Kyoto, encabezados por George W. Bush,
presidente del mayor país contaminante del planeta, no ratificarán el
Protocolo de Kyoto y si alguien espera que un nuevo presidente
nortamericano lo haga, puede esperar sentado, dormitando. Ese
grupo de científicos que predicen un enfriamiento respaldan totalmente
el “dolce far niente” de Bush. Lo encabezan Fred Singer, John Mac
Kitrik, Steven Mac Yntire y Richard Lindzen, el más célebre meteorólogo
de los Estados Unidos. Y el quizás más radical en cuanto a
enfriamiento es Zbigniev Jaworoski, quien dice que “la civilización
occidental será barrida por el hielo”. El
2004 se despedía con un tsunami en Indonesia que provocó 232.000
muertos. Unos días después, un temporal de lluvias en el norte de
Europa causa 18 muertos y obliga a evacuar a miles de personas. En
febrero el agua cobra de nuevo protagonismo, primero con intensas
nevadas en Pakistán que originan la rotura de tres presas. Luego serán
las lluvias torrenciales las que acaben con la vida de 630 pakistaníes.
La tierra tiembla en Irán y se cobra la vida de 602 personas. Al mes
siguiente una ola de frío sin precedentes deja un reguero de 500
muertos en Afganistán. Unos días después esa misma zona se ve invadida
por el agua y mueren 200 personas. Antes de que acabe marzo, la tierra
se estremece con una fuerza de 8,7 grados Richter en Indonesia y causa
más de 2.000 muertos. China, desgraciadamente es protagonista en el mes
de junio. Primero por las lluvias torrenciales en las que perecen 88
personas y desaparecen 75. Luego una avalancha de lodo arrasa toda una
escuela de niños y sepulta a más de cien pequeños. Vuelven las aguas a
salirse de sus cauces provocando la muerte a 80 chinos y dejando sin
hogar a más de dos millones.
Respecto a las olas de calor y la sequías, algunos alegaron que ninguna
de las actuales puede compararse con la sequía de 1976, en aquel
dramático verano en que el Norte y Africa se vieron azotados por la
sequía del siglo. Una
máquina natural rige el tiempo atmosférico –una máquina de aire, agua y
hielo, movidos por la luz del sol. O por “El Niño”.O por los
tsunamis.¿Pero es que el hombre conoce su funcionamiento? he ahí el
quid del problema . El
que en Europa haga sol o nieve depende en gran parte de lo que ha
sucedido en Terranova hace unos días, en los océanos tropicales durante
las semanas pasadas y en el Ártico a lo largo de todo el año. También
depende –para las regiones mediterráneas y costa cantábrica de la
península ibérica- de la Corriente del Golfo de México, que templa
algunas zonas del viejo continente. Luego nos referiremos a eso. A
causa de estas interconexiones el tiempo hay que estudiarlo globalmente
y es por eso que se suele hacer lo que se llama Experimento Atmosférico
Global, en que se movilizan muchos elementos. Las 9.500 estaciones
atmosféricas a lo largo del globo y cientos de globos atmosféricos y
boyas, las observaciones de los satélites meteorológicos, etc, permiten
un estudio en profundidad del tema que tratamos. Y aún así... Mirando
a los climas del pasado en relación con el de hoy, se puede leer el
libro de bitácora de los viejos marinos o medir los círculos paralelos
de los árboles centenarios... si quedan. En cuanto a las opiniones de
los climatólogos a veces alarmantes y con frecuencia contradictorias,
las posiciones se pueden resumir o encajar en tres grandes pronósticos
en cuanto al tiempo que reinará del 2010 en adelante. Una “breve era glaciar”
El tiempo está empeorando. Algunos climatólogos piensan que el
hemisferio norte se está enfriando claramente desde 1950 y que la
estación apta para recolectar las cosechas es más corta de lo que solía
ser hace cuarenta años. En este aspecto 1940 representa el climax, en
calor, a partir del cual vamos a un clima frío similar al del siglo
XIX. Quizá a una “breve era glaciar” parecida a la que experimentó el
hemisferio norte del siglo XV al XIX. Shakespeare (1564-l6l6)
solía decir con frecuencia cuando hacía frío en Inglaterra: “Hoy
también ha llegado la leche completamente helada a casa”. Pero más de
dos siglos después, el gracioso personaje de Dickens, Mr Pickwick, se
la pasaba jugando sobre el Támesis helado. Hubert Lamb, un pionero de
la investigación climática moderna, director hasta fecha reciente de la
Estación de la Investigación Climatológica de Norwich, opina que vamos
hacia un período de estaciones más frías y más variables, que
probablemente se parecerán a las de la Inglaterra de esos días… ¿Cuál
puede ser la explicación de esta “breve era glaciar?”, que se parecerá
a la comprendida exactamente entre 1430 y 1850. Tom Wingley, sucesor de
Lamb, dice que está causada por fenómenos solares. Y Murray Mitchel, un
distinguido climatólogo norteamericano halla evidencia clara en un
ciclo de 22 años de sequías que han azotado a su país. Este ciclo será
más agudo desde el siglo XXII. Los registros astronómicos
muestran una extraordinaria escasez de manchas solares de 1645 a 1715,
con lo que se produjo un período de mucho frío. John Eddy, del Centro
Nacional Atmosférico de los Estados Unidos, dice que la intensidad
solar cambia en ciclos de 2500 años. Si eso es cierto la leyenda
germánica de hace más de un millar de años referida a Islandia en la
que se lee: “El fin del mundo empieza con un verano que no es verano”
–parece una lúgubre profecía. ¿Es que en 1998 hubo realmente un
verano-verano? 
Londres.-Extraños
fenómenos migratorios observados en África, la desaparición desde hace
quince o veinte años de murciélagos, anfibios, especies de aves,
mariposas, etc tienen preocupados a los climatólogos del mundo, porque
suponen un misterio al que ningún científico ha sabido dar una
explicación convincente.
Empieza julio y el país de la
Gran Muralla sigue padeciendo fuertes lluvias torrenciales que causan
el desbordamiento de varios ríos. Balance, 669 muertos y 167
desaparecidos. El huracán "Dennis" hace un recorrido por Cuba, Haití y
EEUU y deja a su paso 69 víctimas y más de 15.000 afectados. La India
padece una de las mayores inundaciones de su historia y mueren por esta
causa 891 personas. En agosto, Katrina se lleva la vida de 1.206
estadounidenses a su paso por Nueva Orleans y deja más de 1,5 millones
de damnificados. En septiembre los tifones Nabi, Talim y Khanun visitan
Japón y China sembrando la muerte a su paso. A principios de octubre un
seísmo de 7,6 grados Richter rasga la tierra en la región de Cachemira,
entre India y Pakistán, dejando sin hogar a más de tres millones de
personas. Perdieron la vida 91.350. El huracán Stan visita Guatemala;
deja 670 muertos. El huracán Wilma acaba con la vida de 22 personas en
el sur de Florida. Y en el penúltimo mes del año las lluvias
torrenciales asolan Colombia y dejan un balance de 80 muertos y más de
180.000 damnificados. La tormenta tropical Gamma a su paso por Honduras
causa 32 muertos y 33.000 personas sin hogar. Como dato resumen hay que
añadir que 2005 -según señalan los expertos- es el año más caluroso del
que se tenga registro y que fotos tomadas este año vía satélite
muestran que el hielo del Ártico se ha reducido en un 20% respecto de
1978. El dato más preocupante es la magnitud y velocidad de este
deshielo que según comentan, carece de precedente.
Todos esto
no hace más que confirmar que "acabamos de dejar atrás uno de los años
más destructivos respecto a desastres naturales y meteorológicos que
hayamos conocido", según anunció en rueda de prensa Michel Jarraud,
Secretario General de la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Los
científicos alertan de que el impacto del cambio climático es mucho más
rápido de lo que hace tiempo se pronosticaba. Nos encontramos ante un
período impredecible de la historia que no cuenta con antecedentes
Y eso por no recordar la ola de calor record del
siglo que vivimos, que se produjo en setiembre del 2003 y que provocó
incendios forestales, afectó a la producción agrícola europea y causó
miles de muertes en Francia y España.
Según Michael
Knobelsdorf, célebre meteorólogo alemán, Europa –desde que existen
registros (l870)- jamás había conocido un periodo seco tan prolongado.
El hombre no alcanza a conocerlo, esa es la realidad.

Una Era Glaciar Total
La
segunda tesis es que vamos a una era glaciar total. Con esto
determinados meteorólogos no se refieren a un cambio perceptible aunque
no dramático de un año a otro sino a una Era Glaciar Total, como la que
hace 12.000 años sumió en un desierto de hielo a Gran Bretaña, Holanda,
Bélgica, Escandinavia, Francia y parte del territorio europeo de la
ex-URSS. Los estudios oceanográficos y ciertos depósitos de tierra
peculiares hallados en Checoslovaquia por los investigadores, revelan
que ha habido 20 eras glaciares en los últimos millones de años y el
calor interglaciar nunca duró más de 10.000 años.
Durante largos años la llamada Era Milankovich ha sido mantenida por muchos climatólogos. Cambios calculables en la orientación del eje de la tierra y en la forma en que ésta orbita alrededor del sol, reducen la intensidad de la fuerza del sol necesaria para derretir las nieves del Norte. En l984 un estudio definitivo hecho por los norteamericanos James Hayes y John Imbrie y el inglés Nicholas Shackleton, apuntalaron la teoría de la Era Milankovich. Un descenso gradual –dicen los mantenedores de esta teoría- comenzó hace unos 5.000 años y si la naturaleza no cambia su curso (lo cual es improbable), el mundo irá paradójicamente enfriando.
Por su parte el alemán Hermann Flohn
incide en la discusión para decir que los fríos pasados estos últimos
inviernos se deben a que el hielo del Antártico al derretirse se ha
“filtrado” en el océano Atlántico, enfriando el mundo entero. Las
consecuencias de tal hecho para un mundo de 4.500 millones de
habitantes han sido catastróficas y eran previsibles además por las
migraciones de las aves, totalmente anárquicas y la desaparición de los
caracoles del norte de Alemania, las ranas en Europa, etc.
Las
corrientes marinas llevan aguas cálidas del trópico a latitudes más
elevadas, evitando así que estas zonas se congelen; en las zonas
polares el agua se enfría y eso la empuja de nuevo hacia el sur. Se
sabe que una de las funciones básicas que cumple esa corriente es
calentar las latitudes más elevadas, por lo que si dejara de fluir
estas se congelarían. Muchos climatólogos atribuyen las eras glaciares
al mal funcionamiento de esas corrientes.
El calor errático, pero malvado
El
temor de William Kellogg, del Centro Nacional de Investigaciones de
los Estados Unidos, es que el hombre ha dañado irreversiblemente la
atmósfera con el bióxido de carbono o anhídrido carbónico, además de
otros poluentes. Está, por otra parte, la destrucción de las grandes
zonas boscosas, una de cuyas reservas es la Amazonia. Cuando se termine
por completo la carretera transamazónica, según ese científico, el
mundo tendrá de uno a cinco grados más que lo normal de temperatura.
El agua del océano Atlántico subirá hasta tres metros y se verán otros
fenómenos dañinos para el hombre.
En esto influye la
degradación, por polución –“el invierno ácido”-que cantaron los
Beatles, de los grandes bosques de Alemania, incluida la Selva Negra.
El Pacífico inundará las costas. Mucho de eso ha sido tratado en la
Conferencia Internacional de Berlin sobre el Clima, el pasado febrero
(2008), en que la presidenta Barbara Unmussig denunció con cifras
pavorosas la destrucción de la Amazonia.
Fue invitado como
representante de los pueblos indígenas de ese territorio, Almir Surui,
de la Asociación Indigenista COIAB, que representa los 20 millones de
habitantes de la Amazonia. Esa federación que agrupa a 75
organizaciones amazónicas de 3l regiones diferentes, de 200 pueblos
indígenas distintos, pidió dramáticamente la cooperación internacional
para terminar el expolio, el genocidio, la deforestación, la
bio-pirateria y demás lacras que Occidente ha generado allí.
Tan
sólo un control internacional que termine con los gobiernos
centralistas que “controlan”, el descontrol de la Amazonia, pueden
salvarla. La IX Conferencia sobre la Convención de la Diversidad
Biologica de las Naciones Unidas, que tuvo lugar en Bonn, hace unos
meses, exigió la protección de la Amazonia, no en nombre de de
cualquier estado inoperante, sino en nombre del Planeta Tierra.
El
bióxido de carbono explica Kellogg actúa como el cristal de un
invernadero que deja pasar el sol pero no permite que el calor
invisible escape de la tierra al espacio. La conclusión de esta tercera
teoría, en suma, es el recalentamiento del planeta Tierra.
Los optimistas muy “sui generis”
Los optimistas consideran el impacto humano sobre el clima como un signo positivo: “en realidad el hombre puede controlar el clima”,afirman, sin ver el descontrol total actual, con el Protocolo de Kyoto,en espera de un glaciación o de un extraño milagro.. Por ejemplo –dicen- se podría conjugar el empleo del bióxido de carbono contra los efectos de la Era Milankovich que amenaza con sumergirnos en la Era Glaciar. Ese es un pensamiento más que utópico, casi neurótico.
Pero contra tal tesis se interponen sutiles pero graves inconvenientes y uno de ellos es el técnico. Incluso si el hombre pudiera establecer el clima que quisiera, sería preciso que todos los hombres se pusieran de acuerdo. Pero también el clima puede cambiar inexorablemente fuera del alcance del hombre mientras la discusión se eterniza. ¿Qué pasa si los hielos de Groenlandia y del Antártico, al calentarse la tierra, se van derritiendo como ha ocurrido en inviernos pasados en el Norte y Centro?
Estudiar los climas como un todo es difícil. Por otro lado algunos
cambios particulares en el clima puede dañar algunos países y
beneficiar a otros y la cooperación internacional se hace imposible,
porque los intereses de los grandes y los otros están polarizados y eso
que no se toma nunca en cuenta problemas étnicos, políticos, raciales
de otros mundos que ni están en el mapa de los poderosos. Pensar que
desde la Casa Blanca, el que llegue, va a cambiarlo todo, es una
quimera. Ya lo hemos vaticinado en varias ocasiones. Ni Lincoln podría
y puede que ni siquiera lo intentara a nivel interno.
Todo va cambiar, pero para seguir igual. Si llegara al Salón Oval, Nelson Mandela, por ejemplo, tendríamos, siquiera, fe.
